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¿ Está tan rica la sopa como para repetirla?

Fue en la universidad, cuando estaba haciendo el pregrado de Fonoaudiología donde escuché por primera vez hablar acerca de los planes caseros. Cuando te mencionan un concepto nuevo, tu mente lo relaciona con referentes lingüísticos que ya conoce para intentar interpretarlo o retenerlo, y por alguna razón, a mí las palabras plan casero me evocaban o hacían imaginar una sopa.

Y es que si vamos a hablar de sopas depende de muchas cosas que te entusiasmen o no, es posible que te guste prepararlas y experimentar recetas nuevas por montones, también es posible que disfrutes más comiéndolas que haciéndolas. Podemos preferirlas con más o menos sal, licuadas o llenas de trozos de verduras, pero otra posibilidad es que definitivamente no te gusten las sopas y prefieras tenerlas a metros.

Hago esta comparación porque en ocasiones nos podemos sentir igual con los planes caseros que con las sopas, esas “tareas” que te delegan como padre o acompañante para que hagas en tu casa durante la semana después de una sesión de terapia de 40 o 60 minutos, pueden resultar en batallas campales porque no logras que tu hijo/a haga lo que le dices, o quizá… pueden ser inexistentes porque te quedas solo con lo que viste en la terapia, o por el contrario pueden vivirse de forma enriquecedora y divertida, generando momentos que serán recordados por tus hijos/as para toda su vida.

Algunos de estos consejos pueden ser de utilidad para sacarle el mayor provecho a la realización de las actividades en casa o lo que conocemos como planes caseros, los cuales nos permitirán evidenciar avances en los procesos terapéuticos y ante todo hacerlos espacios agradables para compartir con tus hijos/as:

No te quedes con dudas

No lo piense dos veces para preguntar y aclarar todas las inquietudes que tengas con relación al plan casero que asignó tu terapeuta, todos los detalles son importantes, indaga acerca del porqué de la tarea o el ejercicio, pregunta cada cuánto es aconsejable que lo repitas, en qué momento debes hacerlo y cómo es la mejor forma de hacerlo.

Aprovecha el tiempo

En ocasiones algunos ejercicios pueden resultar tediosos, sobre todo si son prolongados y repetitivos, aprovecha espacios como los comerciales en los intermedios de tus programas favoritos, la hora del cepillado o incluso la hora de la preparación de la comida, ¿Qué niño no se divierte haciendo las “caras” o gestos de sus ejercicios de habla mientras suena la licuadora, cuando la condición es quedar como estatua cuando no esté sonando?

Busca momentos donde tu hijo/a tenga buena disposición

Hay momentos donde incluso nosotros como adultos no tenemos la mejor disposición para cumplir con algunas asignaciones, a un niño/a puede ocurrirle lo mismo. No lo fuerces a realizar su plan casero si tiene hambre, mucho sueño o sabes que ese día sus actividades fueron más demandantes de lo habitual, no hay nada como el aprendizaje voluntario.

Juega, juega y juega más

Puede que se te haya pasado por la mente la idea de que no tiene sentido llevar a tu hijo/a terapia solo a jugar, pero la verdad es que los niños/as aprenden mediante el juego, desde muy pequeños el juego es la forma que tenemos para descubrir el mundo, aprender vocabulario, imaginar, interactuar con otros e incluso aprender reglas, además de que es divertido y lo divertido motiva, por eso es tan importante jugar, porque la motivación antecede el aprendizaje.

Convierte las actividades en competencias

A los niños/as les agrada competir, les divierte ver, además, que sus padres o cuidadores también se ponen el reto de hacer ejercicios y juegos asignados en sus planes caseros. Competir tiene múltiples beneficios les ayuda a incrementar su tolerancia a la frustración cuando pierden, les enseña a respetar el turno, les proporciona un modelo al cual imitar para hacerlo lo mejor que puedan.

Cambia de roles

No permitas que la actividad gire en torno a un interrogatorio u órdenes todo el tiempo: “¿Cómo se llama?”, “¿Cómo se dice?”, “hazlo así”, “repite”, esto puede ser realmente agotador, permite que tu hijo/a también lidere el juego, que sea él quien pregunte y de las instrucciones, de esta manera también puedes verificar la adquisición de procesos. 

Involucra a otros miembros de la familia

Es importante que el núcleo familiar esté al tanto del proceso para que se hable el mismo idioma y también para que compartas la carga, si es el caso pide a tu terapeuta que tenga una conversación con los demás integrantes de la familia y les explique la importancia del compromiso de todos para lograr avances. La estimulación del lenguaje debe ser un estilo de vida.

Anima con palabras y frases alentadoras

Saca de tu vocabulario frases como “así no se hace” o “lo hiciste mal otra vez”, los seres humanos comprendemos mejor cuando se nos habla de forma positiva: “Ya casi lo logras”, “mírame como lo hago para que lo intentes de nuevo”, “estás hablando mejor”.

Elabora un planeador de metas semanales

Lleva nota de los ejercicios específicos realizados semana a semana, escribe notas relacionadas con los avances o las dificultades que observaste en la ejecución de cada uno de ellos, de manera que puedas llevar todas tus inquietudes de forma más específica a tu terapeuta a la próxima sesión.

Recuerda que la idea no es hacer todo exactamente igual a como lo hace el terapeuta, puedes modificar las actividades considerando los intereses particulares de tu hijo/a, es decir, en vez de replicar la sesiones puedes transferirlas. Esos intereses particulares se reflejan en la predilección de algunos juguetes o juegos, aprovecha sus gustos para generarle motivación, lo importante es mantener el objetivo de la actividad, si la misión es, por ejemplo, que tu hijo/a logre que la punta de la lengua alcance la zona alveolar superior o lo que conocemos como las arruguitas detrás de los dientes, puedes motivarlo a participar de una competencia donde varios miembros de la familia tengan que hacer la praxia o el movimiento por turnos, quien lo haga un mayor número de veces ganará un punto.

Si logras que los planes caseros sean divertidos de seguro que serán una carga menos para ti, y tu hijo querrá otro plato más.

Nineyi Molina Barrientos- Fonoaudióloga Fundación Óyeme

Edición: Mariana Bohórquez Uribe- Comunicadora- Fundación Óyeme

Ilustración: Nineyi Molina Barrientos – Luz Adriana Villada Arredondo